Nadie otorga ya demasiada importancia a una cremallera en la ropa. Forma parte del paisaje estético y práctico de la moda. Un elemento de comodidad, en la mayor parte de las ocasiones, y, a veces, una nota más de juego en alguna prenda.

Sin embargo, hubo una época en la que fue toda una declaración de intenciones. Un detalle que nos sirve para presentar a una de las diseñadoras más importantes del siglo XX. Porque en los años treinta, cuando la humilde Coco Chanel lograba brillar con sus sobrios y sencillos vestidos, su antagonista italiana, Elsa Schiaparelli, desgarró más de una mente con el atrevimiento, propio del estilo fantástico que marcaba su línea, de añadir una cremallera en los bolsillos de una chaqueta de playa. Aunque no solo se quedó ahí.

A mediados de los años treinta utilizó las cremalleras, teñidas para que combinaran con el tejido de su colección, como adornos para los vestidos, en vestidos de noche y en chaquetas. También las enfatizó añadiéndo borlas indias y perlas barrocas. En definitiva, no las escondía, no servían solo como elemento de sujeción, sino que usaba las cremalleras como elemento decorativo, rompedor. Sirvieron, como años más tarde en la época punk, para provocar. Y en ocasiones, de qué manera, como en este vestido.

vestido schiaparelli

Las ideas de Schiaparelli siempre fueron atrevidas, cómo si no trabajar con Dalí y dar a luz un sombrero como el Shoe Hat. O con Jean Cocteau, cuyos dibujos aparecieron en abrigos, vestidos de noche y joyas. El espíritu del surrealismo se apoderó de sus creaciones, y colecciones como Circus o Musical Instruments bebieron de estos artistas y de otros como Man Ray. Aunque todo tenía un límite, porque no dejó a Dalí untar mayonesa en el vestido de langosta inspirado en uno de los típicos motivos del pintor. A saber qué pretendía transmitir el de Figueres, conociendo el significado que le daba al crustáceo.

schiaparelli shoe hat

Ella introdujo la manga pagoda y fue la impulsora de ese color tan característico, el shoking pink, un fucsia muy reconocible a partir de entonces y que también dio nombre a su perfume (con el frasco reproduciendo la figura de Mae West). Tras la II Guerra Mundial el mundo de la alta costura fue decayendo y ella cerró su taller en los años cincuenta. Hace poco la marca renació, aunque sus creaciones, igual que ha ocurrido con la cremallera, siempre estuvieron ahí.

En El Mercado de María seguiremos hablando de los grandes creadores, ¿a cuál admiras tú?

rosa schiaparelli