Mis amigos me conocen bien, saben qué me hace feliz. Saben que siempre les digo: si me queréis, regaladme cositas ricas de comer. Y lo mejor de todo es que me hacen caso. La otra noche vino a vernos a casa un amigo que se ha ido a vivir fuera y ha venido de vacaciones. Además de la alegría de verlo, me puse muy contento porque me trajo un carpaccio de buey con una pintaza impresionante. Y claro, había que dar cuenta sobre la marcha, y tiré de despensa.

Carpaccio con parmesano y rúcula

Carpaccio con parmesano y rúcula

Como no me gusta jugármelo solo a una carta, hice un variado. Un plato con el más típico: con lascas de parmesano, pimienta sabrosa, unas hojas de rúcula y un chorrito de aceite de oliva. Es el clásico, pero es un acierto seguro. En otro plato, unas láminas con paté de aceitunas, y me diréis qué cosas se te ocurren, pero es el que primero se acabó. Probé con una mostaza a las tres pimientas para dar contraste, y también funcionó.

Ya os he contado los ingredientes, el modo de elaboración es sencillo, consiste en abrir y cerrar envases, y ponerlo en platos bonitos. ¡Ánimo!