Muchas veces hay que mirar atrás para saber por qué lo clásico, lo que tenían nuestros abuelos y nuestros padres en casa iba más allá de las modas. Estoy pensando en los aparadores en el salón. Está claro que los tenían por cuestiones prácticas, para almacenar menaje sobre todo, y eso siempre ha sido una necesidad, pero también había algo de exhibicionismo. El exhibicionismo de los aparadores.

Aparador en el salón

Aparador en el salón

En casa de mi abuela había vajillas que han pasado de generación en generación, jarrones, copas bonitas, etc., objetos de recuerdo, por lo que enseñarlas era casi como exponer trofeos. Era muy raro que esos platos y esas copas se usasen, si acaso en la comida de Navidad, pero poco más. Estaban ahí, detrás de un cristal para verlos. Para enseñarlos.

Aparador con decapado

Aparador con decapado

Los aparadores solían hacer juego con el resto de los muebles, normalmente una enorme mesa de salón –en el caso de mis abuelas, casualmente, de esas de alas que solo se abría cuando éramos muchos-, con la mesita del teléfono, etc. Ahora los aparadores pueden hacer juego o precisamente todo lo contrario, pueden ser piezas un poco más especiales, un poco más alejadas de lo cotidiano, de lo de uso diario. Y aunque en la actualidad igual no tenemos vajillas tan bonitas, que somos eminentemente prácticos y que usamos lo que tenemos, seguro que hay alguna pieza guardada que nos gustaría enseñar. ¿Por qué no utilizarlas para decorar? Y en caso de no tenerlas, un aparador vacío es una buena razón para comprarlas. Tengáis o no tengáis colección de platos, os dejo una selección de aparadores para vajillas preciosos por si al menos, tenéis el hueco en el salón.