El fin de semana se me ocurrió hacer de comer a los niños uno de mis platos favoritos de cuando era pequeña. Simple y riquísimo, pero que hacía mil años que no comía. Recuerdo que si era festivo o si iba a casa de mis abuelos, me preguntaban que qué quería comer ese día y yo respondía sin pensármelo que arroz a la cubana. Hoy respondería otra cosa, pediría algo más elaborado o que implicase usar más ingredientes de los que siempre hay en la despensa; pero entonces, el arroz a la cubana con huevo frito como plato de domingo era el paraíso.

INGREDIENTES

  • Arroz redondo (un par de puñaditos por persona, si sobra, se puede inventar algo más: es un básico)
  • Salsa de tomate y albahaca
  • Huevos (tantos como se quiera comer cada uno).
  • Ajo
  • Plátano
  • Aceite y sal
Arroz a la cubana con huevo frito

Arroz a la cubana con huevo frito

ELABORACIÓN

El arroz a la cubana es una receta muy sencillita, sobre todo si usas una salsa de tomate hecha previamente casera o usas una que ya compras hecha, siempre y cuando sea de confianza. Yo suelo comprar la del Mercado.

La fase más importante es la del arroz, es el punto que hay que bordar. A mí me gusta refreír un poco de ajo con algo de aceite y cuando está dorado añadir el arroz. Voy moviendo para que no se pegue hasta que esté transparente y entonces, añado el agua -más o menos el doble que el arroz que he echado-, y un poco de sal y pimienta. El otro día a fuego medio me tardó unos 20 minutos en estar listo. Retiré del fuego y dejé reposar un poco.

Algo imprescindible del arroz a la cubana es el huevo frito. Hay quien le gusta freírlo en mantequilla, yo soy muy de aceite de oliva para todo. No solemos freír nada, así que cuando lo hacemos, lo hacemos bien. Con paciencia y cuidado se van friendo los huevos. En otra sartén con mucho menos aceite freí un poco de plátano en rodajas, a sabiendas de que igual los niños no querían probarlo, pero el emplatado iba a quedar precioso.

Finalmente, añadí la salsa de tomate con albahaca del mercado -previamente atemperada-, hice un castillo de arroz con mi molde cilíndrico y le eché el tomate por encima. Serví todo junto en lo que los niños llamaron un plato combinado. Y así es la ingenuidad y simpleza de la gastronomía cuando eres niño. Si hace mucho tiempo que no lo hacéis, probad: vais a viajar en el tiempo.